Bióloga, montañista y estudiante de Medicina Tradicional China. Acompaño a mujeres a volver al cuerpo, recuperar energía y claridad, y habitar un ritmo propio.
Espacio Tángara nace de una convicción profunda: somos naturaleza. Cuando nos desconectamos de ese ritmo, aparece el agotamiento, la rigidez y la fragmentación. Mi trabajo es ayudarte a regresar: con suavidad, pero con claridad.
Soy bióloga de la Universidad de los Andes, con énfasis en ornitología, y magíster en Ecología de la Universidad Nacional. Durante años trabajé en alta montaña estudiando aves en la Sierra Nevada del Cocuy.
He ascendido cumbres como el Volcán del Tolima, Paramillo del Quindío, Santa Isabel, Cotopaxi, Chimborazo e Ilinizas. En esos paisajes entendí algo esencial: la naturaleza no se apura, nada en ella está desconectado. La montaña me enseñó ritmo, silencio, ciclos y fuerza. Y esa comprensión marcó mi forma de ver la vida… y luego, mi manera de acompañar.
La naturaleza era mi refugio, mi forma de respirar en un mundo que a veces se sentía demasiado ruidoso. Escalar montañas me daba la ilusión de escapar: allá arriba todo parecía más liviano.
Pero cuando supe que iba a ser mamá, todo cambió. Mi hija me dio fuerza para salir de una relación marcada por la codependencia, pero lo hice cargando dolor, miedo y culpa. Durante años creí que le había quitado la posibilidad de crecer en una familia completa.
Renuncié a mis sueños. A mi carrera. A mi amor por la montaña. Me volqué a “sacarla adelante” cumpliendo el modelo que creía que era ser una buena madre: trabajar duro, generar estabilidad, no detenerme nunca.
Me perdí en jornadas agotadoras y una mente que sentía culpa por descansar. Dormía sin descansar. Me despertaba más cansada que el día anterior. Mi cuerpo dolía. Mi alma parecía apagada. Pensaba que eso era ser adulta.
Cuando el agotamiento me desbordaba, huía a la montaña. Por un rato volvía a ser yo, pero la desconexión con mi vida seguía intacta… hasta que llegué a terapia. Claudia, mi terapeuta, me mostró algo que yo no podía ver: había construido mi vida sobre el miedo. Miedo a fallar, a no ser suficiente, a perderlo todo, a confiar otra vez.
Ahí entendí que lo que iba a perder no era un trabajo o la estabilidad: era mi propia vida. Empecé un proceso lento: soltar culpa, reconciliarme con mi historia y confiar en que sí podía construir algo distinto.
Volví a la montaña con ojos nuevos y me hice una pregunta: ¿qué hay detrás de esta conexión profunda que siento con la naturaleza?
Esa búsqueda me llevó a estudiar Reiki, terapias alternativas y terapias manuales ancestrales. Y fue en la Medicina Tradicional China (Escuela Neijing) donde encontré una estructura clara para comprender nuestra anatomía energética: canales, órganos, emociones, ciclos y estaciones, no como metáforas, sino como sistemas vivos que regulan el equilibrio.
Hoy sigo formándome en:
Mi trabajo integra:
Una mirada energética para entender cuerpo, emoción y ciclo.
El cuerpo como instrumento: lo que no se escucha, se manifiesta.
Trabajo con la palabra porque crea realidades.
Respiración, voz, vibración y ritual para reorganizar desde adentro.
Encontrar un ritmo propio.
Entender qué necesito y poder expresarlo.
Habitar mi cuerpo como territorio seguro.
Tomar decisiones desde el autoconocimiento, no desde la exigencia.
Si quieres agendar una sesión, preguntar por talleres/cursos o recibir orientación para elegir tu mejor punto de inicio, escríbenos. Te respondemos con claridad y el paso a paso.